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Proyecto de la UG propone aprovechar pata de maíz para combustible de aviación

Guanajuato, Gto. 6 de enero de 2026.- Investigadores de la Universidad de Guanajuato (UG) desarrollaron una propuesta para transformar residuos agrícolas, principalmente pata de maíz, en biocombustible para aviación, un proyecto que obtuvo el tercer lugar nacional en el concurso “Sustainable Aviation Fuels México 2025”, convocado por aerolíneas mexicanas.

El proyecto plantea la producción de turbosina sostenible (SAF, por sus siglas en inglés) a partir de residuos agroindustriales, con el objetivo de ofrecer una alternativa más limpia, viable y rentable para el sector aéreo, al tiempo que genera valor para los subproductos del campo.

El investigador de la Universidad de Guanajuato, Juan Gabriel Segovia Hernández, explicó que este tipo de proyectos busca dar un nuevo uso a los residuos que se generan en el campo y que, en muchos casos, no tienen un aprovechamiento productivo. Señaló que los aviones consumen grandes cantidades de combustible y que, por su tamaño, es difícil que funcionen con electricidad, por lo que producir biocombustibles a partir de materiales como la pata de maíz representa una opción más limpia y una oportunidad para que los subproductos agrícolas puedan integrarse a nuevas cadenas de valor.

La investigación fue desarrollada por un equipo multidisciplinario integrado por académicos de la Universidad de Guanajuato, la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, el Centro de Innovación Aplicada en Tecnologías Competitivas (CIATEC) y la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa.

De acuerdo con los investigadores, la propuesta utiliza una ruta tecnológica basada en furanos, un proceso poco explorado en México que permite convertir la pata de maíz, un residuo común en zonas agrícolas del Bajío, en biocombustible apto para la aviación.

Los académicos señalaron que este tipo de residuos se generan en grandes volúmenes en regiones productoras de maíz, sorgo y trigo, por lo que su aprovechamiento podría representar una oportunidad adicional para el sector agropecuario, al integrarse a cadenas de valor ligadas a la transición energética.

El proyecto tuvo un proceso de evaluación de aproximadamente un año, durante el cual las propuestas recibieron seguimiento técnico por parte de aerolíneas y organismos del sector aeronáutico. Solo cinco equipos llegaron a la fase final, donde se evaluaron aspectos como viabilidad técnica, rentabilidad y potencial de escalamiento.

Aunque los proyectos ganadores del primer y segundo lugar se basaron en rutas tecnológicas más conocidas, los evaluadores reconocieron el potencial innovador de la propuesta desarrollada con residuos agrícolas, al plantear una solución integral desde el subproducto del campo hasta el combustible final.

Los investigadores destacaron que la aviación enfrenta grandes retos para reducir emisiones, debido a que la electrificación de aeronaves resulta poco viable en el corto plazo, por lo que el desarrollo de combustibles sostenibles representa una de las principales alternativas.

Finalmente, subrayaron la importancia de vincular la investigación universitaria con el sector productivo, ya que este tipo de proyectos demuestra que el conocimiento generado en las instituciones académicas puede traducirse en soluciones concretas para la industria y nuevas oportunidades para el campo mexicano.

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