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NAVIDAD ECOCIDA: Musgo, heno y oyamel, el negocio ilegal que saquea los bosques

  • Los bosques de México enfrentan una fuerte presión por la demanda de productos como musgo, heno, flores y ramas de oyamel, cuya extracción está penada por la ley. En el caso de las altas montañas, como el Nevado de Colima —la más elevada del occidente del país—, la condición endémica de sus especies implica riesgos aún mayores.

Agustín del Castillo

En Huescalapa, ejido del municipio de Zapotiltic, en el sur de Jalisco, con más de 1,500 hectáreas dentro del Área Natural Protegida del Nevado de Colima, los campesinos permanecen en alerta durante diciembre. La Navidad puede resultar, como en la canción de José Alfredo Jiménez, “amarga” para la conservación, si quienes extraen de manera ilegal lo poco que queda de musgo y heno, algunas flores raras y, sobre todo, ramas de oyamel para el ornato de nacimientos o altares de la Virgen de Guadalupe logran su cometido.

Guillermo Jiménez, ejidatario responsable de la vigilancia, espera lo peor. No se trata solo de la conmemoración del nacimiento de Jesucristo: las fiestas de la Virgen de Guadalupe, muy arraigadas en la zona nahua de Tuxpan y en los pueblos mestizos cercanos, se prolongan hasta enero y representan un negocio lucrativo para los llamados “rameros”, quienes intentan extraer del bosque camiones cargados con ramas de Abies colimensis, el oyamel o abeto endémico de esta región.

Esta especie fue considerada durante años como Abies religiosa, de amplia distribución en el Eje Neovolcánico. Sin embargo, su reciente descripción taxonómica confirmó su distribución limitada, lo que la coloca en la categoría de “en peligro de extinción” tanto en normas nacionales como internacionales.

“En años anteriores hemos enfrentado este problema con muchas dificultades; es muy delicado. Llegan de comunidades indígenas, entran y cortan el oyamel. Por cada árbol al que le mochan las ramas, a nosotros nos pueden imponer una multa de 80 mil pesos, como ocurrió hace dos años. La gente no entiende que el bosque y el área protegida existen por una razón”, relata.

Aclara que no se trata de una tradición, sino de un negocio. “Fui a Tuxpan y pregunté para qué querían las ramas. Me explicaron que ya tienen acuerdos para entregarlas y que les pagan seis mil pesos por cada pedido para los altares de la Virgen. Eso nos afecta mucho. No es solo en diciembre; también ocurre en Semana Santa”.

El problema se agrava por la falta de comprensión de algunos representantes legislativos. “Nos muestran permisos supuestamente firmados por diputados, pero ellos mismos los elaboran y sellan. No tienen validez. En el bosque no podemos autorizar ningún permiso, ni siquiera a nosotros nos autorizan cortar un árbol. Ningún diputado tiene facultades para eso”, subraya.

Cuando reclaman, añade, persiste la idea de que la extracción es válida por tratarse de comunidades indígenas. “No entienden que en las áreas naturales protegidas nadie puede talar”. En 2024, el ejido aseguró dos camionetas de doble rodado cargadas de ramas. Intervino la policía y los responsables estuvieron a punto de ser detenidos, pero el ejido decidió dejarlos ir con la esperanza de que aprendieran la lección. Guillermo lo duda.

El oyamel, conocido también como “pino de Navidad”, solo crece dentro del polígono de protección del parque nacional y del parque estatal, contiguos entre sí. A su alrededor se desarrollan bosques mesófilos de montaña, donde subsiste una flora diversa bajo condiciones de humedad y sombra, propicias para musgos, líquenes, hongos y plantas epífitas como orquídeas, bromelias y helechos.

“Es el único lugar en México, de los que yo conozco, que permanece prácticamente virgen y buscamos que así continúe. No se puede impedir que la gente saque un poco, pero cuando la extracción tiene fines comerciales, el daño es enorme. Afecta plantas y fauna. En los tianguis se venden pájaros carpinteros, matan venados, se llevan tejones, y hace unos años incluso nos mataron un jaguar”, denuncia.

SAQUEO ILEGAL

La extracción y comercialización de musgo, heno, líquenes y ramas de pinos u oyameles para adornos navideños es ilegal en México y debería sancionarse con multas y penas de prisión, si la ley se aplicara.

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La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) destaca el papel ecológico de estas especies. El musgo y el heno funcionan como esponjas que retienen grandes volúmenes de agua, lo que mantiene la humedad constante del bosque nuboso y permite la supervivencia de decenas de especies asociadas. Además, facilitan la recarga de manantiales vitales para la vida y la economía de las comunidades humanas.

En el caso de los oyameles mutilados, la extracción debilita a los árboles y puede causar su muerte, lo que resulta crítico para una especie en riesgo de extinción.

La dependencia estima que el musgo tarda hasta 40 años en recuperarse tras su extracción, mientras que el heno requiere alrededor de una década. Aunque estos materiales se usaron tradicionalmente en los nacimientos, su prohibición impulsó alternativas como plantas artificiales o especies de fácil reproducción, como suculentas y cactáceas, además de la posibilidad de cultivarlas de forma artificial.

Es técnicamente posible reproducir musgo y heno en viveros. El musgo puede propagarse por fragmentación en sustratos húmedos y con luz indirecta. El musgo de acuario, como Christmas Moss (Vesicularia montagnei), se cultiva con fines decorativos. El heno, conocido como paixtle o cabello de ángel, también puede cultivarse en viveros. En Veracruz existen experiencias con fines comerciales y sostenibles, aunque su impacto todavía es limitado, señala la Semarnat.

El caso de los Abies del Nevado de Colima es más complejo.

UN ABETO EN PELIGRO

Los bosques de oyamel requieren un clima frío y húmedo, con luz escasa y penumbra en el sotobosque. Las temperaturas oscilan entre 20 y 5 grados, con punto de rocío en horarios específicos y lluvias frecuentes. Se ubican en laderas medias, barrancas y cañadas. En el Nevado de Colima, montaña de 4,260 metros sobre el nivel del mar, estos rodales se localizan entre los 2,200 y los 3,600 metros de altitud.

Abies colimensis fue descrita como especie nueva en 1989 por K. D. Rushforth, en el Journal Notes of the Royal Botanical Gardens of Edinburgh. Posteriormente fue considerada subespecie y, en la última década, se retomó su estatus específico. Su área de ocupación es de aproximadamente 150 kilómetros cuadrados, equivalente a 0.007 % del territorio nacional, dentro del Eje Neovolcánico.

La especie solo se distribuye en bosque mesófilo de montaña y bosque de coníferas y encinos. Habita en sitios fríos, húmedos y protegidos del Nevado de Colima y la Sierra de Manantlán. Su permanencia depende de un hábitat primario con baja perturbación humana.

Investigadores como Ángeles-Cervantes y López-Mata señalan que forma parte esencial de la comunidad clímax del bosque. Una vez talado, el microclima se vuelve más seco y erosionado, lo que favorece especies pioneras como pinos, encinos y ericáceas, y puede conducir al reemplazo del oyamel por comunidades de pino-encino.

Sus estudios indican que las probabilidades de supervivencia de las plántulas son mínimas tras incendios superficiales o severos, y nulas en bosques sin incendio. Las mayores probabilidades se registran con incendios de copa moderados, régimen que forma parte de su nicho de regeneración. Entre 2006 y 2013 se registraron ocho incendios de gran magnitud en el Nevado de Colima, con alta mortalidad de la población. Además, el hábitat remanente no permite la viabilidad de las poblaciones existentes.

El Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático reportó en su Índice de Presión Económica de Deforestación (INECC, 2013) una pérdida acelerada de bosques de coníferas en el Nevado de Colima, con tasas de hasta 7.8 % anual. La deforestación, causada por incendios provocados para el cambio de uso de suelo hacia aguacate y ganadería, así como por tala ilegal, rebasa la superficie protegida.

Estas tasas, sumadas a la extremadamente baja diversidad genética de la especie, indican que las poblaciones no son viables y pueden desaparecer ante plagas, incendios, tala o el cambio climático, al carecer de capacidad adaptativa.

LAS SANCIONES

Extraer ilegalmente musgo, líquenes y plantas de Áreas Naturales Protegidas (ANP) en México es un delito federal que se castiga con prisión de 1 a 9 años y multas de 300 a 3,000 días de salario mínimo (equivalente a entre 300 y 3,000 días-multa), conforme al Código Penal Federal, además de posibles sanciones administrativas por parte de PROFEPA y Semarnat para quien trafique o se apropie de recursos forestales protegidos, siendo un daño grave a la biodiversidad.


Sanciones Penales (Código Penal Federal):
Prisión: De 1 a 9 años.
Multa: De 300 a 3,000 días de salario mínimo (días-multa).
Fundamento: Se aplica a quien captura, posee, transporta, acopia, introduce o extrae especies silvestres (flora o fauna) sin permiso, especialmente si están en veda o son endémicas/amenazadas, según el Artículo 420.


Sanciones Administrativas (PROFEPA/SEMARNAT):
Multas: Pueden ser elevadas, desde miles hasta millones de pesos, dependiendo de la gravedad y el daño causado.
Otras medidas: Clausura de actividades, decomiso de los productos extraídos, amonestación o suspensión de permisos, y hasta arresto administrativo.


Por qué es un delito:
El musgo y el heno son recursos forestales protegidos por la Norma Oficial Mexicana (NOM-059-Semarnat-2010) y son microecosistemas vitales.
La extracción, incluso para nacimientos, daña gravemente el equilibrio ecológico y la regeneración de los bosques, afectando hábitats.


La falta de permisos para su extracción y comercialización es ilegal y perjudicial.

En resumen: Comprar o extraer estos recursos sin autorización es un delito ambiental, no solo una falta administrativa, y conlleva severas consecuencias legales y económicas, además del daño ambiental irreparable.

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